Oración de abandono del padre Dolindo Ruotolo
Sacerdote napolitano exorcista, Siervo de Dios (1882-1970)
No quiero angustiarme, Dios mío: ¡confío en Ti!
Jesús al alma:
¿Por qué se confunden y se angustian? Déjenme a mí el cuidado de sus asuntos y todo se tranquilizará. En verdad les digo que cada acto de abandono verdadero, total y confiado en mí produce el efecto que desean y resuelve los problemas más difíciles.
Abandonarse en mí no significa atormentarse, alterarse o desesperarse, para luego dirigirse a mí con una oración llena de inquietud, queriendo que yo los siga a ustedes y transforme la preocupación en oración. Abandonarse significa cerrar serenamente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y confiarse a mí, para que solo yo actúe, diciéndome: “Ocúpate Tú de ello”. La preocupación, la turbación y el deseo de prever las consecuencias son cosas contrarias al abandono, contrarias por naturaleza.
Es como la confusión de los niños que quieren que su mamá piense en sus necesidades, pero al mismo tiempo quieren resolverlas por sí mismos, y así obstaculizan su trabajo con sus ideas y caprichos infantiles.
Cierren los ojos y déjense llevar por la corriente de mi gracia; cierren los ojos y no piensen más que en el momento presente, alejándose del pensamiento del futuro como de una tentación; descansen en mí, creyendo en mi bondad, y les juro por mi amor que, si me dicen con estas disposiciones: “Ocúpate Tú de ello”, yo lo haré por completo, los consolaré, los libraré y los guiaré.
Y cuando tenga que llevarlos por un camino diferente del que ustedes ven, yo los instruiré, los llevaré en mis brazos y haré que lleguen a la otra orilla como niños dormidos en brazos de su madre. Lo que los turba y les causa un gran daño son sus razonamientos, sus preocupaciones, sus afanes y el querer, a toda costa, ser ustedes quienes remedien lo que los aflige.
¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en las materiales, se vuelve a mí, me mira y, diciéndome: “Ocúpate Tú de ello”, cierra los ojos y descansa! Obtienen pocas gracias cuando se atormentan por producirlas, pero reciben muchísimas cuando la oración es un confiarse plenamente a mí. En el dolor, ustedes oran para que yo actúe, pero quieren que actúe como ustedes creen que debo hacerlo… No se dirigen a mí, sino que quieren que yo me adapte a sus ideas; no son enfermos que piden al médico que los cure, sino que le sugieren la cura.
No hagan eso, sino oren como les he enseñado en el Padrenuestro:
Santificado sea tu Nombre, es decir, que seas glorificado en esta necesidad mía.
Venga a nosotros tu Reino, es decir, que todo contribuya a tu reinado en nosotros y en el mundo.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, es decir, dispón Tú, en esta necesidad, como mejor te parezca para nuestra vida temporal y eterna.
Si me dicen de verdad: “Hágase tu voluntad”, que es lo mismo que decir: “Ocúpate Tú de ello”, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades. Mira: ¿ves que la enfermedad avanza en lugar de disminuir? No te turbes, cierra los ojos y dime con confianza: “Hágase tu voluntad, ocúpate Tú de ello”. Te digo que así lo haré y que intervendré como médico, y que incluso obraré un milagro cuando sea necesario.
¿Ves que el enfermo empeora? No te desanimes; cierra los ojos y di: “Ocúpate Tú de ello”. Te digo que yo me ocuparé, y que no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Me ocuparé de ello solo cuando cierren los ojos.
Nunca descansan: quieren evaluarlo todo, examinarlo todo, pensar en todo, y así se abandonan a las fuerzas humanas, o peor aún, a los hombres, confiando en su intervención. Eso es lo que obstaculiza e impide mis palabras y mis designios. ¡Cuánto deseo su abandono para beneficiarlos! ¡Y cuánto me duele verlos turbados! Satanás busca precisamente eso: turbarlos para apartarlos de mi acción y arrojarlos a merced de las iniciativas humanas.
Confíen, entonces, solo en mí; descansen en mí; abandónense a mí en todo. Yo obro milagros en proporción al pleno abandono en mí y a la ausencia de sus preocupaciones. ¡Yo derramo tesoros de gracia cuando ustedes están en la plena pobreza! Si valoran sus propios recursos, por pocos que sean, o si los buscan, se sitúan en el plano natural de las cosas, que a menudo es obstaculizado por Satanás. Ningún razonador ha hecho milagros, ni siquiera entre los santos: obra divinamente quien se abandona a Dios.
Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: “Jesús, ocúpate Tú de ello”. Y distráete, aléjate de ti mismo, porque tu mente es aguda… y para ti es difícil ver el mal y confiar en mí. Haz así con todas tus necesidades; obren así todos y verán grandes, continuos y silenciosos milagros. Se los juro por mi amor. Yo me ocuparé de ello, se los aseguro.
Oren siempre con esta disposición de abandono y tendrán gran paz y grandes frutos, incluso cuando yo les conceda la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que implica sufrimiento. ¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda el alma: “Jesús, ocúpate Tú de ello”. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi Nombre al humillarte.
Mil oraciones no valen lo que vale un solo acto de abandono: recuérdenlo bien. No hay novena más eficaz que esta: ¡Oh Jesús, me abandono en Ti, ocúpate Tú de ello!



