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Sobre la oración

Desde que nos crea, Dios nos atrae hacia Sí. Nos llama, y se hace accesible para que podamos responder a su llamado. Cuando lo hacemos – cuando le respondemos -, vivimos en intimidad con la Santísima Trinidad. El hombre tiene una relación con el Creador, y eso es la vida de oración. Mediante el diálogo, nos vamos haciendo más Suyos. Nos semejamos a Él y nos acercamos a la meta más preciada, a aquella para la que fuimos pensados desde toda la eternidad.

¿Por qué rezar?

Hemos nacido para la eternidad, para el Cielo, para Dios. Toda nuestra vida es una preparación para llegar a tan hermoso puerto, para sacar «lo que sobra» y pulir nuestra alma para hacerla semejante a quien nos ha creado. Para saber cómo lograrlo ¡hay que hablar con Él!

Se lo debemos: Dios nos ha creado sin otro motivo que darnos felicidad. Y, cuando entró el pecado original en el mundo, Él se entregó hasta la muerte – y la peor muerte – para devolvernos la posibilidad de una vida a Su lado. Dirigirle la palabra, es lo mínimo que podemos hacer.

Lo necesitamos: solos, no podemos nada. Así nos lo ha dicho Jesús, ¡y es cierto! Aunque es muy necesario poner voluntad y esfuerzo por corresponder al Amor de Dios, el que obra nuestra santificación y nos acerca a nuestra meta… es Él mismo.

Es bueno para nosotros: al rezar, no solo miramos a Dios. También aprendemos a mirarnos y mirar a quienes nos rodean, con Sus ojos. Esto nos ayuda a «querernos mejor» y amar con el Amor de Dios a los otros.


+ Razones

  1. Crecer en las virtudes teologales: para creer con más firmeza, esperar con mayor confianza y amar con un ardor renovado, necesitamos tener intimidad con la Santísima Trinidad.
  2. También en las virtudes humanas: la oración también nos ayuda a crecer en virtudes como templanza, fortaleza, generosidad, paciencia, etc.
  3. Desarrollarnos plenamente: como nos prepara para el fin de nuestra vida y nos ayuda a «hacernos más de Dios», nos lleva a ser, cada vez más, «nosotros mismos».
  4. Saber que nunca estamos solos: cuando vivimos nuestra relación con Dios, vamos descubriendo que Él siempre nos acompaña. Se acuerda de todo lo nuestro, no nos abandona.
  5. Acercarnos a la lógica divina: hay situaciones que no nos entran en la cabeza, cuando tienen lugar. El dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, no tienen un sentido humano. Pero, mediante la vida de oración, vamos adquiriendo una mirada más sobrenatural. Eso nos ayuda a aceptar esos momentos difíciles y encontrarles un sentido.

Tipos de oración

La oración es un camino con obstáculos, que hay que saltarlos para poder entrar en uno mismo y así poder entregar la propia intimidad a Dios. Para superar las dificultades, puede servirnos mirar los ejemplos que la tradición de la Iglesia nos presenta. Vale la pena recordar que estos ejemplos o métodos no son totalmente independientes uno del otro, ya que se pueden alimentar entre sí.

1. Oración continua

Jaculatorias, la Liturgia de las Horas y el ejercicio de la presencia de Dios son algunos ejemplos. Todas estas se relacionan con otras formas de rezar, ya que podemos hacer uso de textos bíblicos para repetirlos durante el día. De esta manera, constantemente estaremos dirigiendo nuestros pensamientos hacia Dios

2. Oraciones vocales

Son aquellas que alguien nos ha enseñado a rezar, con ciertas palabras ya formuladas. Por ejemplo, el rosario, la coronilla a la Divina Misericordia o una novena. El Padrenuestro es un ejemplo precioso, que nos dejó el mismo Jesucristo.

3. Oración mental

Se trata de meditar a partir de lecturas piadosas. De esta manera uno puede hacer meditación sobre determinadas verdades, ciertos aspectos teológicos o algunas realidades humanas. Pero meditación no solo puede hacerse con un libro. A veces también es posible orar frente a una imagen (un fresco, un ícono o incluso en una pintura no religiosa), meditando en lo que esta transmite, con su belleza o su mensaje.

4. Lectio Divina

Si bien podemos pensar que las Sagradas Escrituras son textos del pasado, hemos de recordar que la Palabra de Dios está viva y Su mensaje es eterno. La Lectio Divina es una lectura orante de la Biblia. Luego de ver qué dice Su Palabra, se hace una confrontación entre esta y la propia vida, que luego lleve a dar gracias a Dios o alabarlo por las luces concedidas, las inspiraciones o buenos propósitos que nos ha comunicado en el rato de oración.


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